Vale, lo admito.

Todos tenemos ese colega que vive a base de cafés y maquinitas voladoras, con un millón de ideas por minuto que te dejan flasheado. Ya sabes, el visionario, el puto amo de los sueños imposibles.

Pero ojo, que sin alguien que baje esos sueños del cielo y los convierta en tochos, te quedas mirando palomas.

Ese es el integrador, el puto amo de hacer que las cosas funcionen.

Aquí la movida: entender cuál eres tú es la clave para petarlo.

Los visionarios son como Ferraris tuneados – pura velocidad y diseño rompedor.

Ven tendencias a años luz, inventan movidas que te dejan flipando y se mueven por las emociones.

Son los Jefes Supremos de la innovación y los colegas que te dan ese chute de adrenalina que te pone las pilas.

Pero oye, que tampoco son santos.

Aguantarles el ritmo es como ir en montaña rusa sin cinturón.

Se comen los detalles con patatas, la rutina les da alergia y a veces piensas que viven en una peli de ciencia ficción donde las cosas se hacen solas.

Los integradores, en cambio, son como esos todoterrenos que te sacan del atasco por jodido que esté el camino.

Son los maestros del orden, los que cogen el batiburrillo de ideas locas y las convierten en un plan con el que puedes currar. Son los que se curran el marrón de que todo funcione como un puto reloj suizo y encima aguantan las broncas cuando hay que tomar decisiones chungas.

¿El rollo?

Que a veces les tildan de aguafiestas por ser tan realistas.

Suelen ser los que te bajan de las nubes y te recuerdan que hay que pagar facturas.

Ojo, que también se comen el marrón de la soledad del liderazgo y la presión constante de que todo salga fetén.

Entonces, ¿dónde coño encajas tú?

Ahí está la chicha.

La clave del éxito está en que visionarios e integradores curren juntos.

Imagina a Iron Man con su Hulk particular, pero en plan oficina.

La fusión perfecta entre el que sueña a lo bestia y el que lo convierte en realidad.

Pasos para petarlo:

  • Descifra tu flow: ¿Eres un visionario que escupe ideas como un rapero improvisando? ¿O eres más bien el que coge esas ideas y las convierte en un temazo? Conocerte es lo primero.
  • Busca tu otra mitad: Rodéate de gente que complemente tu rollo. Si eres un visionario, busca a tu integrador de confianza. Si eres un integrador, busca a ese loco que te inspire a comerte el mundo.
  • Valora lo que el otro aporta: No hay visionario sin integrador y viceversa. Ambos sois piezas clave para petarlo.
  • Curra la comunicación: Hablad claro y a tiempo. Que no haya líos ni malentendidos.
  • Celebrad los éxitos (y los fracasos): Brinda con champán cuando las cosas salgan fetén, pero también ríanse juntos cuando las cosas se tuerzan.

Recuerda, crack, el mundo necesita tanto a los que sueñan como a los que los hacen realidad.

Así que saca a pasear tu flow y prepárate para comerte el mundo.