Imagínate que estás en un yate de lujo, copa de champán en mano, cuando de repente alguien grita: «¡Nos hundimos!».

¿Qué haces?

¿Te tiras por la borda con el salvavidas de oro?

¿O te quedas para reorganizar las tumbonas mientras el agua te llega al cuello?

Bienvenidos al fascinante mundo de los negocios en crisis, donde el pánico es el plato del día y las decisiones a lo loco son el postre. Es como jugar a la ruleta rusa con una pistola de agua: refrescante, pero potencialmente fatal.

Pero tranquilos, mis queridos capitanes del Titanic empresarial, que aquí vengo yo a enseñaros el noble arte de mantenerse a flote con estilo. Porque, seamos sinceros, si vamos a hundirnos, al menos que sea con una sonrisa en la cara y un martini en la mano.

Primer acto: La búsqueda del Santo Grial empresarial

Muchas empresas, cuando ven que las cosas se ponen feas, deciden que es el momento perfecto para reinventarse completamente. Es como si un pez, al ver que se queda sin agua, decidiera que es el momento ideal para aprender a volar.

Tomemos el caso de Hewlett Packard, esa vieja gloria de la tecnología que un día se despertó y dijo: «¿Sabes qué? Necesitamos ser más cool». Así que contrataron a una CEO más fashion que un desfile de Victoria’s Secret, pensando que eso arreglaría todos sus problemas. Spoiler alert: no lo hizo.

Es como si intentaras arreglar un coche cambiándole el color. Sí, quizás ahora sea más bonito, pero sigue sin arrancar, cariño.

Segundo acto: La rendición con fanfarria

Ahora bien, si lo de reinventarse no es lo tuyo, siempre puedes optar por la opción nuclear: tirar la toalla. Es lo que hizo Scott Paper, que después de intentar salvarse decidió que era mejor hundirse con dignidad. O al menos, con toda la dignidad que te permite despedir a 11.000 personas y vender lo que queda a tu mayor rival.

Es como si, en medio de un naufragio, decidieras que es un buen momento para una liquidación por cierre. «¡Oye, ya que nos hundimos, al menos saquemos algo de pasta!»

Tercer acto: El arte de nadar contra corriente (sin ahogarse)

Pero venga, no todo está perdido. Hay una tercera vía, una que requiere más finura que un cirujano borracho intentando enhebrar una aguja. Se trata de hacer cambios, sí, pero con la delicadeza de un elefante en una tienda de porcelana… si ese elefante hubiera tomado clases de ballet.

La clave está en no perder el norte. Cambiar, sí, pero sin olvidar quiénes somos. Es como hacerse un lifting: quieres parecer más joven, no irreconocible.

Pasos accionables para no hundirse (o al menos hacerlo con estilo):

  1. Analiza tu situación como si fueras un detective borracho: con atención a los detalles, pero sin perder el sentido del humor.
  2. Haz cambios, pero no te vuelvas loco. Es como ponerse a dieta: si de repente dejas de comer por completo, acabarás peor que al principio.
  3. Mantén la calma. Recuerda: el pánico es como los pantalones de campana, nunca ha quedado bien a nadie.
  4. No te rindas a la primera de cambio. La perseverancia es sexy, sobre todo en los negocios.
  5. Si todo falla, al menos asegúrate de tener una buena historia que contar. El fracaso con estilo siempre vende más que el éxito aburrido.

En resumen, mis queridos náufragos del mundo empresarial, la clave está en navegar las aguas turbulentas con la gracia de un cisne borracho: puede que no sea bonito, pero diablos, será memorable.

Así que la próxima vez que tu negocio empiece a hacer aguas, recuerda: no se trata de hundirnos o flotar, se trata de cómo nadamos mientras el barco se hunde. Y si al final acabamos en el fondo del mar, al menos que sea con estilo, una sonrisa en la cara y una anécdota que contar.

Porque, al fin y al cabo, ¿qué es la vida empresarial sino una serie de naufragios elegantes interrumpidos por ocasionales momentos de éxito? Así que ponte el chaleco salvavidas más fashion que encuentres, agarra tu copa de champán, y prepárate para el viaje de tu vida. Porque en el mundo de los negocios, como en el Titanic, la orquesta sigue tocando hasta el final.

Y recuerda: no es cuestión de si te hundirás o no, sino de cuánto estilo tendrás mientras lo haces. ¡Salud, y que los tiburones empresariales tengan piedad de tu alma!​​​​​​​​​​​​​​​​