¿Alguna vez has pensado en cómo sería ser el hijo bastardo de un mafioso londinense y un genio tecnológico con problemas de ego?

Pues bienvenido a mi mundo, capullo.

Hoy vamos a hablar de estrategia, pero no la mierda aburrida que te enseñan en la universidad.

No, esto va de sobrevivir en la jungla empresarial donde o te comes a los demás o acabas siendo el plato principal.

Mira, el mundo de los negocios es como una partida de póquer en un casino de Las Vegas: o te adaptas o te joden. ¿Recuerdas Blockbuster?

Claro que no, imbécil. Esa mierda está más muerta que las esperanzas de tu ex de que la llames.

¿Y sabes por qué? Porque se quedaron anclados en el pasado como tu tío el que todavía usa un Nokia 3310.

La clave está en ser moderno, pero no me refiero a vestirte como un hipster con barba de leñador y beber café de 15 pavos. Hablo de tener los cojones bien puestos para ver lo que viene y actuar antes de que te pille con los pantalones bajados.

Imagina que eres el capitán de un barco en medio de una tormenta de mierda.

Los viejos mapas ya no sirven, el GPS se ha ido a tomar por culo, y tienes una tripulación de inútiles que no saben ni atarse los cordones.

¿Qué haces?

Pues te pones los pantalones de capitán y empiezas a repartir hostias estratégicas a diestro y siniestro.

Mira a tu alrededor, cabrón.

Los bancos tradicionales están temblando porque cualquier payaso con una app puede mover dinero más rápido que ellos. Las librerías de toda la vida están cerrando porque la gente prefiere comprar libros online mientras está cagando.

Y no hablemos de los hoteles, que están más jodidos que un vegano en una barbacoa desde que llegó Airbnb.

Pero no todo está perdido, princesa.

Aquí es donde entras tú, el estratega moderno, el puto amo del cambio.

Tu trabajo es ser el nexo entre el pasado mohoso y el futuro brillante.

Eres como un DJ en una fiesta: mezclas lo viejo con lo nuevo, creas ritmos que hacen que hasta tu abuela se ponga a perrear, y si la cosa se pone fea, sabes cómo calmar a la masa o echarlos a todos a la puta calle.

No puedes ser un especialista encerrado en tu torre de marfil, colega.

Tienes que estar en el meollo, oliendo la mierda de cerca, hablando con todo el mundo desde el conserje hasta el CEO.

Eres el puto traductor universal, el que hace que el friki de IT y el dinosaurio de ventas hablen el mismo idioma.

Y cuando llegue el momento de tomar decisiones difíciles, no te acojonas. Tomas al toro por los cuernos, le miras a los ojos y le dices: «Hoy no es tu día, cabrón». Porque eres el arquitecto del futuro, pero uno que no se conforma con planos bonitos. Estás constantemente rediseñando, adaptando, evolucionando.

Es como si Frank Gehry y Bear Grylls tuvieran un hijo, y ese hijo fueras tú.

Así que deja de lloriquear y ponte las pilas. El mundo está cambiando más rápido que los ex de Taylor Swift, y tú tienes que estar al frente de esa ola, surfeando como un puto campeón.

Porque si no, acabarás como Blockbuster: un triste recuerdo en la mente de algún boomer nostálgico.

Pasos accionables para ser un estratega moderno que parte la pana:

  1. Despierta y huele el napalm: Mantén los ojos bien abiertos a las tendencias. Lee, observa, habla con la gente. Si no sabes qué coño es TikTok o por qué la gente está obsesionada con los NFTs, estás jodido.
  2. Sé el puto camaleón: Aprende a adaptarte más rápido que un político en campaña. Lo que funcionó ayer puede ser basura mañana.
  3. Networking del bueno: Construye una red de contactos más diversa que el reparto de una película de Marvel. Desde el friki de la tecnología hasta el hipster de marketing, todos tienen algo que aportar.
  4. Piensa fuera de la caja, idiota: Si tus ideas suenan «normales», es que son una mierda. Busca soluciones que hagan que la gente diga «¿Qué coño acaba de pasar?».
  5. Sé el puto puente: Aprende a mediar entre departamentos como si fueras un diplomático en la ONU, pero con más carisma y menos corbata.
  6. Toma decisiones como un jefe: Cuando llegue el momento, no te acojonas. Decide con la confianza de un gato empujando un vaso fuera de la mesa.
  7. Nunca pares, gilipollas: Tu estrategia es un organismo vivo. Aliméntala, entrénala, y por el amor de Dios, no la dejes estancarse como tus propósitos de Año Nuevo.

Recuerda, ser un estratega moderno es como ser un malabarista en un terremoto: difícil, estresante, pero jodidamente emocionante. Así que ponte los pantalones de superhéroe y sal a patear algunos traseros corporativos. El futuro es tuyo, cabrón. No la cagues.​​​​​​​​​​​​​​​​