¿Alguna vez te has preguntado por qué te sientes como un superhéroe recién salido de la ducha por la mañana, pero a media tarde te arrastras como si llevaras el peso del mundo sobre tus hombros?
No, no es que tu jefe te haya echado el mal de ojo ni que el universo conspire contra ti.
Es simplemente la montaña rusa emocional en la que todos nos subimos cada día, quieras o no.
Imagina esto: eres el protagonista de tu propia película de acción.
Por la mañana, te despiertas como un agente secreto listo para patear traseros.
El café es tu poción mágica y el mundo es tu ostra. Pero conforme avanza el día, te vas convirtiendo en el típico personaje secundario que todos sabemos que no va a sobrevivir hasta el final de la película.
Y justo cuando crees que todo está perdido, ¡bam!
Llega la noche y vuelves a ser el héroe que todos aclaman.
Este patrón, amigos míos, no es producto de mi imaginación calenturienta.
Los cerebritos de la Universidad de Cornell se pusieron a husmear en Twitter (porque aparentemente no tenían nada mejor que hacer) y descubrieron que este sube y baja emocional es tan universal como el amor por las pizzas o el odio a los lunes.
Analizaron 500 millones de tweets durante dos años.
Sí, has leído bien.
Mientras tú perdías el tiempo viendo vídeos de gatitos, estos tipos estaban descifrando el código emocional de la humanidad. Y lo que encontraron fue oro puro: un patrón tan claro como el agua (si vivieras en los Alpes suizos, claro).
Por la mañana, todos somos positivos como si nos hubieran inyectado felicidad directamente en las venas.
Luego, por la tarde, caemos en picado más rápido que las acciones de una empresa que acaba de anunciar que su CEO se fugó con el dinero a las Bahamas.
Pero no te preocupes, porque por la noche volvemos a subir como un cohete de SpaceX (sin la parte de la explosión, esperemos).
Y antes de que empieces a dudar de la validez de Twitter como barómetro emocional (porque, seamos honestos, Twitter es a la honestidad lo que yo a la dieta), déjame decirte que otros cerebritos han llegado a la misma conclusión usando métodos más sofisticados que leer tus quejas sobre el tráfico.
Estos científicos del comportamiento utilizaron algo llamado «método de reconstrucción del día» (que suena a algo que harías después de una noche de juerga) para analizar hora por hora la vida de la gente. Y adivina qué: el mismo patrón.
Felicidad por las nubes por la mañana, caída libre por la tarde, y rebote por la noche como si la vida fuera un partido de ping-pong emocional.
Pero espera, que esto se pone aún mejor.
Resulta que este sube y baja emocional afecta directamente a nuestro trabajo.
Unos profesores de escuelas de negocios (porque aparentemente los profesores de literatura no tienen nada que aportar sobre las emociones) analizaron más de 26,000 llamadas de ganancias.
Estas son esas llamadas donde los CEOs intentan convencer a los inversores de que todo va de maravilla, aunque la empresa esté en llamas.
¿Y qué descubrieron?
Que cuanto más tarde en el día se hacía la llamada, más negativo era el tono.
Es como si el optimismo tuviera fecha de caducidad y expirara a mediodía.
La conclusión: si quieres que tus inversores crean que tu empresa es el próximo Google, llámales cuando aún tengan legañas en los ojos.
Ahora bien, ¿qué hacemos con toda esta información?
¿Nos rendimos y aceptamos que estamos condenados a ser Jekyll por la mañana y Hyde por la tarde?
¡Ni de coña!
Aquí te dejo unos pasos accionables para surfear esta ola emocional como un campeón:
- Aprovecha tu pico matutino: Si tienes que hacer algo importante, hazlo por la mañana. Es el momento perfecto para esas tareas que requieren toda tu energía y positividad. Ejemplo práctico: Programa esa presentación crucial para las 10 de la mañana, no para las 3 de la tarde cuando estés deseando que un meteorito impacte contra la Tierra.
- Prepárate para el bajón de la tarde: Saber que viene te da poder. Planifica actividades más ligeras o que requieran menos concentración para este periodo. Ejemplo práctico: Deja las tareas administrativas o el papeleo para después del almuerzo. Si tienes que responder correos electrónicos aburridos, este es tu momento.
- Aprovecha el repunte nocturno: No todo está perdido cuando cae la noche. Este es un buen momento para la creatividad y la planificación. Ejemplo práctico: Usa las últimas horas del día para brainstorming o para planificar el día siguiente. Tu yo de la mañana te lo agradecerá.
- Hackea tu ciclo: ¿Quién dice que no puedes engañar a tu propio cerebro? Introduce pequeños boost de energía durante el día. Ejemplo práctico: Una pequeña siesta de 20 minutos después de comer, una sesión de meditación o incluso una caminata rápida pueden ayudarte a combatir ese bajón de la tarde.
- Sincroniza tu equipo: Si trabajas con otros, comparte esta información. Planificar las actividades del equipo teniendo en cuenta estos ciclos puede aumentar la productividad y el bienestar general. Ejemplo práctico: Programa las reuniones importantes por la mañana y deja las actualizaciones de estado o las tareas más relajadas para la tarde.
En resumen, amigos míos, la vida es una montaña rusa emocional, pero ahora tienes el mapa del parque. Úsalo sabiamente. Y recuerda, si todo lo demás falla, siempre puedes culpar a Twitter por tus cambios de humor.
Total, ¿para qué están las redes sociales si no es para ser nuestro chivo expiatorio emocional?
Así que ya sabes, la próxima vez que te sientas como si te hubiera pasado por encima un camión a las tres de la tarde, recuerda: no eres tú, es tu biología.
Y si alguien te dice lo contrario, diles que se lo vayan a contar a los científicos de Cornell. Seguro que estarán encantados de añadir ese tweet a sus 500 millones.